15.2.16

Revenant: Un refrito bien hecho

Cada determinado tiempo, aparecen en el cine -particularmente en el de Hollywood- películas que sirven como un resumen de los avances en cinematografía logrados por verdaderos pioneros del Séptimo Arte.

Así pasó con El Nacimiento de Una Nación, donde D.W. Griffith supo condensar a la perfección las enseñanzas de Porter y otros en materia de edición; también con Y el Mundo Marcha, gran obra de King Vidor que supo mezclar cantidades exactas del melodrama chapliniano con temas de actualidad y el mismísimo Ciudadano Kane, del venerado Orson Welles, quien retomó lo mejor de las vanguardias europeas, sobre todo soviética y alemana, para lanzar su cuento moral.

¿Qué es, entonces, lo que no funciona con Revenant: El Renacido, del mexicano González Iñárritu? 

Al igual que las cintas anteriores, este filme sirve como una especie de recuento-refrito de la obra de Bergman, pero esencialmente abreva de la filmografía de Andrei Tarkovsky. Las referencias a obras como La Infancia de IvánEl Espejo y Sacrificio, son obvias y dejan de ser un homenaje para ser largos plagios descarados de su obra. En su apetito, Iñárritu incluso saquea cintas recientes de Terence Malick, primordialmente El Árbol de la Vida y La Delgada Línea Roja.

Sin embargo, a diferencia de los clásicos, no aporta nada nuevo: su anécdota ya se había contado en la muy superior Man in the Wilderness, de Richard C. Sarafian; no hay un diálogo inteligente, un movimiento de cámara propio; vamos, un sólo motivo más allá de ver a los actores de moda en una tortura disfrazada de rodaje.

En esta cinta, actuada a la perfección por Tom Hardy y padecida por Leonardo DiCaprio, se retoma la historia del trampero Hugh Glass, quien luego de ser atacado por un oso, es abandonado por la expedición que guía, la cual escapa de un grupo de indígenas agresivos.

Para su cinta más americana en el género americano por excelencia, el western, González Iñárritu eligió lo mejor: un actor con amplias simpatías en Hollywood y un fotógrafo de talento contrastado, Emmanuel Lubezki, que regala preciosas tomas con una técnica ya empleada años atrás por Stanley Kubrick en Barry Lyndon.

Quizá el problema es que se trata precisamente de una película enferma de belleza. La decisión de dar un exacerbado protagonismo a los paisajes hace a la cinta lenta en exceso, demasiado larga e incluso con un tufo snob que puede volverse insoportable. 

Para rematar, los personajes secundarios no son presentados a profundidad: Fitzgerald, el antagonista, es sólo malo porque sí y los viajes mentales-espirituales de Glass confunden más que aclaran el contexto de su actuar y la estrecha relación que guarda con una tribu a la que pertenecía su mujer.

El patetismo del personaje de DiCaprio llega a lo hilarante en la escena previa a donde parece que lo enterrarán vivo, tanto que recuerda la involuntariamente cómica secuencia en la que la madre cuadrapléjica de Pepe el Toro ve cómo sustraen sus pertenencias.

Para rematar el cuadro, se insertan diálogos que hablan sobre el cliché más manido en términos de la relación indígenas-europeos, sobre la tenencia de la tierra. Más aún, el protagonista de la cinta recibe su iluminación al escuchar al inefable magic indian que le pide dejar todo en manos de Dios.

En suma, si se quiere ver a Revenant: El Renacido como un esforzado estudio de la genialidad de otros directores, es una buena herramienta didáctica. Si se le quiere ver como un western, queda corta, y si, como sugería González Iñárritu, se le quiere ver en un templo, se está a un paso de la locura.

REVENANT. EL RENACIDO
Dirige: Alejandro González Iñárritu
Actúan: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson.
Duración: 156 minutos.
Calificación: 2.5

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