2.2.16

Cuando hablo de cine

Hablar de las cosas sencillas de la vida, de las que se disfrutan de verdad, es muy complejo. Hay muchas razones para ello: la facilidad para alcanzarlas, para sentirlas, hace de cada persona una especie de experto en el tema.

Así pasa con actividades simples, como comer o caminar, saltar... o ver una película. En la actualidad, cada una de las personas que consume algún tipo de medio audiovisual, sea en la sala de cine, en el móvil, la televisión o cualquiera de los dispositivos electrónicos sin los que no se vive actualmente, puede erigirse en crítico.

¿Será que la crítica de cine vive sus últimos tiempos, que los expertos serán derrotados por los vloggers o los hipsters, los especialistas de salón que, por poder pronunciar correctamente a tres cineastas relativamente desconocidos, ya se consideran expertos?

Desde el punto de vista del consumidor, parece que la arrogancia de los tiempos actuales hace posible andar por los caminos del cine sin necesidad de un Virgilio, de un guía que te diga qué es bueno o qué no vale la pena. Todo está en consumir lo que hay, y luego ya gustará más o menos según el contexto social en el que se desarrolle el comentario que trae a colación la cinta/actuación/dirección de marras.

Luego está la ansiedad de la promoción instantánea: subir una minicrítica a Twitter, publicar en Facebook o, los más desarrollados, crear una pequeña plataforma digital para espetar en términos culturosos los prejuicios de una visión formada con base en el egocentrismo de los gustos personales.

¿Será que sí es necesaria la crítica de cine?

En su ensayo Vigencia y Necesidad de la Crítica, Carlos F. Heredero destaca que, aunque los tiempos modernos -y su desarrollo- permiten un acceso más democrático a los contenidos, no necesariamente esto incide en una 'popularización del gusto', haciendo a todo espectador un crítico en potencia.

"En realidad, no es sólo una falacia, sino también una simple y llana estupidez, pero no porque la opinión deba estar reservada, de manera elitista y excluyente, a una reducida casta sacerdotal de comisarios del gusto (algo obviamente detestable), sino porque el gusto se educa única y exclusivamente a base de conocimiento y de experiencia (conocimiento de la historia del cine y experiencia reflexiva de la práctica espectatorial), por lo que resulta flagrantemente ilusorio creer que todas las opiniones puedan tener el mismo fundamento", escribe en su texto, que puedes consultar aquí.

Puestos a qué, quizá, el oficio del crítico de cine sí es necesario, llegamos a otra pregunta: ¿es viable?

"Creo que más que nunca necesitamos reflexión, necesitamos guías. Entre el cine más voluminoso y un público más o menos adicto a las imágenes, se necesita un puente que, no necesariamente diga esto es una mierda, esto es lo que tienes que ver", me comentó Jean-Christophe Berjon, experto y alguna vez presidente del jurado de la Semana de la Crítica de Cannes.

"Ahora es un problema más general: la fuerza de un tuit en 140 caracteres que tiene qué decir de inmediato, sin distancia, sin reflexión, porque tengo que ser el primero en decir algo. 

"Esto lo vimos en Cannes, donde está prohibido mandar un tuit durante la película; y vemos una falta de madurez total en el funcionamiento, en el razonamiento, sabemos que una reacción inmediata es un impulso, una reacción sensitiva y no el fruto de una reflexión, de la inteligencia, sino de la emoción", destacó.

Pero la falta de reflexión es el símbolo de nuestros tiempos, como también es la falta de tiempo. Por ello hablaré un poco de mi experiencia en este oficio, en el que me inicié hace poco -unos dos años formalmente, aunque ya tenía alguna trayectoria-.

Si bien no es indispensable, como el periodismo mismo, la crítica de cine puede servir de ancla para el espectador: redirigir su mirada para gozar aún más del espectáculo que se le presenta en la pantalla. Aún más, sí debe tener la fuerza suficiente para animarle a elegir pues, como todo en exceso, la amplitud del menú audiovisual no lleva a un mayor conocimiento: lleva a una especie de saciedad intelectual nociva, que da una falsa impresión de saciedad.

"La del crítico es la palabra sana, reflexiva, tranquila, serena, sobre lo que propone el mundo audiovisual", continúa Berjon, "la gran cosa es ver cómo se va a adaptar a esta inmediatez y esta magnitud de posibilidad de emisión de información para que su voz se pueda escuchar".

Esa es la idea sobre la que marcharán los textos que aquí complementan mi quehacer en el diario Mural, uno de los más importantes de Guadalajara, la segunda ciudad en importancia del país en el que radico. 

Les invito a que vayamos juntos por este viaje y separemos juntos el trigo de la paja audiovisual nuestra de cada día.

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